“Ojalá resistamos un día, ojalá aguantemos una noche” Inmigrantes en Chile

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La dura experiencia por la que tuvieron que pasar algunos inmigrantes en Chile y cómo terminaron este proceso en contexto de pandemia.

De lejos, un pequeña calle de Providencia se asemeja a un mercado oriental, muchas bolsas en el piso, gente expectante, acumulación de autos, olor a arepas fritas junto al sonido de fondo de la salsa.

En el camino hay una peluquería improvisada, algunos hombres conversan mientras les cortan el pelo.

– ¿Puedo tomarles una foto? – les pregunto a los “clientes” de la peluquería.

-Por supuesto, me contestan alegremente ¿por qué no?

Veo un vestidor con un espejo muy Viejo, alrededor del cual hay mucha ropa en el suelo.

– Mira, le dice una mujer que viste jeans rojos a otra, ¡que lindo abrigo! Te quedaría muy bien.

– Yo tengo ropa, sonríe ella, pero se lo voy a llevar a mi hermana, tiene mucho frío.

Estoy en un albergue de carpas improvisado, construido por venezolanos que están a la espera de poder volver a casa.

Los venezolanos.

¿Cómo están? le pregunto a Alejandro Parada, uno de los coordinadores.

Bueno, responde él, estamos aquí porque no tenemos a donde ir. Por la pandemia perdimos el trabajo, y en cuarentena nos quedamos sin el dinero para pagar nuestra vivienda, la vida en Chile no es barata, así que todo lo que queremos ahora es regresar a nuestro país.

En Venezuela están nuestras familias, nuestras casas… es más fácil sobrevivir la crisis allá, agrega una mujer con un niño de más o menos dos años en sus brazos. En Santiago terminamos en la calle, y le estamos pidiendo ayuda a nuestra embajada.

– ¿Cuanto tiempo lleva en Chile?

– Este es mi tercer año en Chile -empieza a contar ella y me doy cuenta de que su chaqueta deportiva está bastante sucia, y el bebé está usando zapatos diferentes, uno más grande que el otro-.

Antes yo limpiaba oficinas y departamentos mientras Tomasito estaba en el jardín infantil. Teníamos suficiente dinero para alquilar una habitación, pero después, quedé sin trabajo ya no podía comprar comida ni la vivienda…

Se voltea con los ojos llenos de lágrimas.

Sigo caminando por la calle Bustos, entre las filas de carpas que se encuentran en la acera. Frente a un edificio verde oscuro de estilo colonial hay carabineros apostados, la puerta de la embajada está cerrada, no hay ninguna señal de vida ahí.

Al rededor hay muchos colchones con gente tendida.

Es otoño en Santiago, las noches se están poniendo cada vez más frías.

Veo una especie de guardería infantil, en ese espacio improvisado hay muchos niños jugando.

Los están cuidando unas mujeres.

imágen: Cogotesinpluma

¿Qué es lo que más necesitan?

– Tenemos suficiente comida, me dicen, con frecuencia nos traen algo, pero nos faltan mascarillas, gel antibacterial para manos, también jabón y desodorantes. En la iglesia de al lado hay ducha, nosotros nos podemos bañar allá, cinco minutos máximo por persona, eso es mejor que nada.

¿Cuantas personas están viviendo en carpas?  le pregunto a Alejandro, él es uno de los dirigentes, se encarga de organizar la vida de esta “pequeña ciudad inmersa en la ciudad”.

Lo respetan, le piden ayuda para resolver los problemas, su teléfono siempre está sonando e incluso a veces sale en la televisión.

De pronto se forma una fila al costado de un auto:

¡Trajeron comida!

Una mujer de pelo largo les empieza a entregar a cajitas plásticas.

¿Qué hay dentro? pregunto con curiosidad.

Pollo con arroz, explica ella, además hay salsa, café caliente y galletas.

¿Ustedes son de alguna fundación?

– No, es que con mi marido estamos preocupados por estas personas y a veces les traemos comida, bueno, lo que se puede, para apoyar a nuestros compatriotas.

Gracias a personas independientes como estos y fundaciones humanitarias los venezolanos pudieron aguantar en la calle más de un mes.

La autoridad les ofreció el traslado a un Albergue de Emergencia habilitado para ellos, pero no aceptaron mudarse.

“Tan pronto como nos mudemos de la calle, se olvidarán de nosotros, mientras estemos aquí en el centro de la ciudad, atraemos más atención y tendremos la oportunidad de conseguir que el gobierno venezolano nos mande a casa” comentó Alejandro.

Los residentes de casas cercanas se compadecían a los venezolanos, aportando comida y vestuario para ayudarles a pasar el frío, pero con el paso del tiempo les empezó a molestar la vida ruidosa del campamento de carpas.

– “Durante las noches toman alcohol, pelean, y nosotros tenemos que estar en cuarentena”, se quejaban ellos en las redes sociales.

Pero debido a la difícil condición de vida, un niño de dos años, que se enfermó gravemente, sumado a la disminución de la temperatura, obligaron a los venezolanos aceptar la oferta del gobierno chileno y mudarse a el albergue que fue organizado en un colegio Municipal.

La Embajada de Venezuela sigue en silencio…

En mayo del año 2020 Santiago comenzó a convertirse en la ciudad de las carpas. Los venezolanos fueron los primeros en empezar a vivir en calle, a ellos les siguieron otras iniciativas similares frente a las embajadas de Colombia, Ecuador y Perú. 

Trescientos bolivianos, doscientos cincuenta colombianos, doscientos peruanos y cincuenta ecuatorianos solicitaron a sus embajadas ser repatriados.

 Frente al Consulado boliviano se leía: “Señor Cónsul, nuestro destino está en sus manos”, “Todo lo que queremos es volver a casa “ ”Muchas gracias, hermanos chilenos”

Imagínense –me decía Cristian, un funcionario municipal de Providencia en Santiago- todas estas embajadas están en nuestra comuna, lógicamente intentamos hacer todo lo que podemos, pero nuestros recursos son limitados”…

Imagen: Cogotesinpluma

Los Bolivianos

Los más desprovistos entre los habitantes de las ciudades de carpas parecían ser los bolivianos. La mayoría de ellos, personas simples que trabajaban la agricultura, venían al sur de Chile durante varios meses a trabajar de temporeros. Nunca vivieron en grandes ciudades y ni siquiera tenían zapatos, sus pies casi descalzos protegidos por simples alpargatas, con una temperatura ambiente de 5 grados, parecía horrible.

Los bolivianos son amables, parecían como niños asustados por perder sus padres. Afortunadamente, pasaron menos tiempo en la calle, exactamente una semana después se mudaron a un albergue Municipal.

Los Colombianos

Los colombianos estuvieron prácticamente un mes en la calle. Entre ellos estaba la mayor parte de las mujeres embarazadas, madres solteras, eran en ese sentido los más «vulnerables».

Tenían un orden y organización estrictos en la comunidad, cada uno cumplía un rol y funcionaban coordinadamente.

Los visitaba a diario, observaba cómo limpiaban su espacio, los hombres empacaban basura, las mujeres barrían el hermoso anaranjado caído de las hojas. Pero por las noches, tenían un conflicto con la policía de turno.

“Se emborrachan y comienzan a discutir violentamente”, – se quejó Pablo, un Carabinero del sector.

Entre la multitud destacaba una mujer joven y bonita que tenía cáncer de mama, ella a pesar de sus dificultades, siempre estaba preocupada por los demás. Me pidió que le trajera un medicamento para el asma a Javier, la leche para el bebé Thierry, hoy ya de regreso a su hogar en Colombia continúa escribiéndome, preguntándose cómo estoy, «Lara, definitivamente deberías venir a Colombia” … terminamos desarrollando una relación de amistad.

“Nuestro país es muy hermoso. ¿Sabes que nuestro café es el mejor del mundo?” – me sugirieron que probara su arepa, horneada en la calle.

Después de un mes de vivir en la calle optaron por trasladarse a un albergue comunitario.

Los Ecuatorianos

Las embajadas de Colombia y Ecuador se encuentran en edificios vecinos, por lo que los dos campamentos se formaron muy cerca el uno del otro desde la distancia parecía un solo gran campamento.

¿Y no se comunican entre ustedes? Le pregunté a Liliana, coordinadora ecuatoriana,

NO, respondió ella secamente. No pude obtener una respuesta clara a mi pregunta, pero había evidentemente una hostilidad imperante, probablemente por situaciones anteriores.

Los ecuatorianos no tenían su propia cocina, a diferencia de los colombianos, permanecieron firmemente durante aproximadamente dos semanas a base sandwiches, sopas del paquete, y prefirieron no recurrir a los vecinos optando por una forma de vida más organizada.

Imagen: Cogotesinpluma

Los Peruanos

Fueron uno de los primeros en establecerse en la calle frente a su embajada. Estaban muy tristes y deprimidos, ellos en general, preferían no hablar con nadie, todo lo que querían era irse a casa.

Agradecieron secamente la comida, las cosas, la ropa, sentados frente a ellos con caras tristes.

Fueron apoyados por organizaciones peruanas, de las cuales hay bastantes en Chile.

“A veces abunda la comida otras veces escasea, me dijo Nicole, la madre de una bebé de 4 años llamada Mary, hay días en que diferentes personas traen comida, luego al día siguiente nadie” …

Los peruanos recibieron la respuesta de su embajada más rápido que nadie, primero se mudaron al campamento municipal, luego regresaron en autobús a Perú. Nicole recientemente me envió una foto desde su casa, rodeada de sus familiares.

Michelle Bachelet

La política de visa flexible de Chile, iniciada por la ex presidenta Michelle Bachelet, en los últimos años ha llevado a que cientos de miles de haitianos, venezolanos, colombianos y otros residentes del continente latinoamericano radicaran sus esperanzas en un país que no estaba preparado para una apertura tan masiva.

El sistema ha dejado de hacer frente a una gran cantidad de solicitudes de visa, los extranjeros han estado en la fila, literalmente, durante años esperando sus visas de residencia. «Visa en tramite» comenzó a sonar como un veredicto, y esperar una visa para el segundo o tercer año se convirtió en algo común.

Enormes filas en las escuelas municipales y en los hospitales comenzaron a causar irritación entre los chilenos.

Las medidas aplicadas por la pandemia de Coronavirus en Chile, como la cuarentena estricta, afectaron principalmente a los emigrantes empleados en el sector de servicios, perdiendo sus fuentes de trabajo y quedando rápidamente sin medios de subsistencia.

Los más necesitados acudieron a sus embajadas para pedir ayuda, solicitando se repatriados a sus países de origen, donde al menos, muchos de ellos tenían familiares o bienes raíces.

Algunos de ellos ya han regresado a su tierra natal, pero el resto continúa viviendo en campamentos, esperando que sus gobiernos resuelvan el problema …

En la ciudad todavía hay campamento, donde ahora viven chilenos desesperados que han perdido sus empleos, pero en este caso no hay esperanza, pues en Chile no hay embajada de Chile que los ayude…

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