NO SOMOS DUEÑOS DEL MUNDO PEPE MUJICA Y CORONAVIRUS

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José Mujica, el carismático expresidente de Uruguay, fue entrevistado por la cadena española La Sexta y, con su gran humor e inteligencia, produjo algunas de las palabras más lúcidas y urgentes para afrontar la situación del coronavirus, un poco en la misma línea que su amigo Noam Chomsky.

Mujica llevó la atención de la entrevista a lo que considera el problema fundamental del mundo: la ambición y el egoísmo que caracterizan al ser humano actualmente, particularmente a los políticos y a los multimillonarios que controlan las grandes corporaciones. Más allá del problema del coronavirus, el ser humano avanza a un «holocausto ecológico», el cual podría frenarse con voluntad colectiva. «No es un problema ecológico, sino político. Nunca el hombre tuvo tantos recursos, capacidad, ni capital para frenarlo. Vamos a un holocausto ecológico y están haciendo una gigantesca sartén para freírnos», dijo Mujica.

El evento global del aislamiento por la transmisión de la COVID-19, así como la confrontación con la muerte (que es de todas maneras inevitable), fomentan la reflexión sobre el cauce de la humanidad. Dice el uruguayo al respecto: «No sé para qué mierda hay un puñado de viejos que siguen queriendo más y más plata. ¿Por qué no dejan de joder?, si se van a morir como cualquier hijo de vecino».

Mujica señaló que la religión actual es el mercado y la preponderancia del dinero y su circulación sin importar las consecuencias: «el dios mercado es la religión fanática de nuestra época». No se trata de eliminar el mercado sino de someterlo a consideraciones auténticamente humanistas, señaló.

Precisó que, a diferencia de lo que se señala desde el lenguaje bélico de Donald Trump y Emmanuel Macron, «no estamos en guerra, esto es un desafío que la biología nos mete para recordarnos que no somos tan dueños absolutos del mundo como nos parece». Al igual que Chomsky, Mujica cree que los gobiernos, en la ceguera inducida por la ambición y la religión del mercado, dejaron de poner atención a los acontecimientos globales que hubieran permitido evitar una pandemia. «Los gobiernos subestimaron las dificultades […]. Creyeron que era una cosa de chinos y, ahora, es algo de todos, por lo menos tenemos una cosa común». Añadió que la razón por la cual los países asiáticos han logrado una mejor respuesta ante el virus se debe a que son capaces de un pensamiento y una acción colectivos –una noción de interdependencia– de la cual Occidente carece pues está, más bien, centrado en el individualismo rampante. Esta acción colectiva, asimismo, es esencial para poder modificar el curso que lleva la humanidad. Lo positivo de la crisis podría ser «llamarnos la atención de que los problemas de otras partes también son nuestros problemas».

Mujica, quien a sus 85 años está en estricta cuarentena autoimpuesta y quien además pasó años en la cárcel, notó que el tiempo es ideal para la introspección, para «galopar la subjetividad»: «La peor soledad es la que llevamos dentro, es tiempo de meditar. Habla con el que tienes dentro, es tiempo de meditar un poco, mirar por una ventana al cielo y, el que no lo tiene, imaginarlo».

El exmandatario observó que la razón por la que esta crisis está provocando tanta ansiedad y alarma tiene que ver con el temor a la muerte, el cual es el gran motor del ser humano:

Luchamos porque tenemos temor de morirnos, aunque no lo confesemos. Pero si queremos la vida, la gran pregunta es en qué gastamos la vida. ¿En pagar cuotas? ¿O en vivir? ¿Y qué es vivir? Vivir es tratar de sentirse feliz y gastar la mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquellas cosas que nos gratifican sin perjudicar a otro.

Las personas que sufren mucho en esta época deberían reflexionar, pues, según Mujica, quien tiene sentido de vida no tiene tiempo para desplomarse: «Mientras tienes causa para vivir y luchar no tienes tiempo para estar desencantado o que te coma la tristeza».

Otro de los aspectos positivos del virus, según Mujica, es que «ha demostrado la cantidad de cosas superfluas que tenemos». Esa parece ser la gran enseñanza que la circunstancia llama en nosotros: abandonar nuestro apego a la riqueza material superflua para afirmar lo verdaderamente importante.

Es como si una madre (la Naturaleza) hubiera reconvenido a su hijo diciéndole que se fuera a su cuarto a reflexionar sobre lo que ha hecho. Y todos somos ese hijo castigado y de nuestra reflexión y capacidad de transformación depende la aún posible rectificación del proyecto de civilización humana. No el planeta, el cual no necesita de nosotros.  

AUTOR: Vicente


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